← Volver a todas las calculadoras
El IMC (índice de masa corporal) es la forma más rápida de situar tu peso respecto a tu estatura. Esta calculadora de IMC divide tu peso entre el cuadrado de tu altura y te ubica en la tabla de la Organización Mundial de la Salud (OMS): bajo peso, peso normal, sobrepeso u obesidad. Es un primer tamiz útil —no un diagnóstico—, y aquí te explicamos cómo leerlo bien y cuándo se queda corto.
Cargando…
El índice de masa corporal es un número que relaciona tu peso con tu estatura para clasificar de forma rápida si ese peso está dentro de un rango saludable. Lo propuso el estadístico belga Adolphe Quetelet en el siglo XIX y la OMS lo adoptó como indicador poblacional porque es barato, reproducible y solo necesita dos datos: cuánto pesas y cuánto mides. Por eso aparece en consultas médicas, estudios de salud pública y en cualquier calculadora de IMC como esta.
Su gran virtud es también su límite: el IMC mira el peso total, no de qué está hecho ese peso. No distingue entre músculo, grasa, hueso o agua. A escala de millones de personas, un IMC alto se asocia estadísticamente con más grasa y más riesgo cardiometabólico, y por eso funciona tan bien como tamiz de población. Pero a escala individual puede equivocarse: una persona muy musculada puede salir "con sobrepeso" sin tener exceso de grasa, y alguien sedentario con poca masa muscular puede tener un IMC "normal" y aun así demasiada grasa.
La lectura inteligente, entonces, es usar el IMC como punto de partida —una bandera que dice "mira hacia aquí"— y no como veredicto. Si tu resultado se aleja del rango saludable, el siguiente paso no es obsesionarte con la cifra, sino mirar tu composición corporal, tu contorno de cintura y tus hábitos.
Calcular el IMC es dividir tu peso en kilos entre tu estatura en metros elevada al cuadrado. El cálculo sigue tres pasos simples:
Pasa tu estatura a metros
Si mides 170 cm, son 1.70 m. Este es el error más común: usar centímetros dispara el resultado.
Eleva la estatura al cuadrado
Multiplica tu estatura por sí misma: 1.70 × 1.70 = 2.89.
Divide tu peso entre ese número
El resultado es tu IMC, que luego se compara con la tabla de la OMS.
Ejemplo: una persona de 72 kg que mide 1.70 m tiene un IMC de 72 / 2.89 = 24.9, justo en el borde superior del rango saludable. La calculadora hace esta operación por ti y te devuelve la categoría al instante, sin que tengas que recordar dónde caen los límites.
La OMS define las mismas categorías para hombres y mujeres adultos. Un IMC entre 18.5 y 24.9 se considera peso saludable; por debajo hay bajo peso y por encima, distintos grados de exceso. Esta es la referencia para adultos de 18 a 65 años:
Dos matices importan. En adultos mayores, un IMC ligeramente por encima de 25 puede ser protector, y muchos especialistas amplían el rango saludable. Y en poblaciones asiáticas la OMS sugiere umbrales más bajos para sobrepeso. Para niños y adolescentes el IMC no se interpreta con esta tabla, sino con percentiles según edad y sexo.
El IMC es un buen titular, pero el cuerpo se cuenta con más de un dato. Para leerlo con criterio:
Acompáñalo del contorno de cintura. Es la grasa abdominal —no el peso total— la que más se asocia con riesgo cardiovascular y metabólico.
Mira la tendencia, no la foto. Hacia dónde se mueve tu IMC en meses dice más que el número de un solo día.
Combínalo con % de grasa. Si entrenas fuerza, el porcentaje de grasa corporal describe mucho mejor tu estado que el IMC solo.
Y dos trampas que conviene esquivar:
Tomarlo como diagnóstico. Un IMC "normal" no garantiza buena salud, ni uno alto significa enfermedad por sí solo. Es un tamiz, no un dictamen.
Aplicarlo a deportistas o embarazadas. En personas muy musculadas o gestantes, el IMC pierde sentido y hay que usar otras referencias.
Si tu objetivo es moverte hacia el rango saludable, lo que cambia la aguja no es perseguir un número, sino el conjunto de hábitos: comer en un ligero déficit con suficiente proteína, entrenar fuerza para conservar músculo y mantenerte activo a diario. El IMC bajará como consecuencia, no como meta en sí misma.
Según la OMS, un IMC entre 18.5 y 24.9 se considera peso normal en adultos. Por debajo de 18.5 hay bajo peso; de 25 a 29.9, sobrepeso; y a partir de 30, obesidad en sus distintos grados. Es el mismo rango para hombres y mujeres.
Mal. El IMC no distingue músculo de grasa, así que una persona muy musculada puede salir "con sobrepeso" sin tener exceso de grasa. Si entrenas fuerza en serio, fíate más del porcentaje de grasa corporal y de cómo te queda la ropa que del IMC.
El IMC es más rápido y útil como tamiz general; el porcentaje de grasa describe mejor tu composición real. Lo ideal es usar ambos: el IMC para ubicarte y el % de grasa para entender de qué está hecho tu peso.
La fórmula y la tabla adulta son iguales para ambos sexos. Pero a igual IMC, las mujeres suelen tener más grasa que los hombres, y en adultos mayores un IMC algo más alto puede ser protector. En niños y adolescentes se usan percentiles por edad, no esta tabla.
Divide tu peso en kilos entre tu estatura en metros al cuadrado: IMC = peso / (estatura × estatura). Por ejemplo, 68 kg y 1.65 m → 68 / (1.65 × 1.65) = 68 / 2.72 = 25.0. El error típico es usar centímetros en vez de metros.
No por sí solo. El IMC señala probabilidad estadística de riesgo, no enfermedad. Hay personas con IMC alto metabólicamente sanas y otras con IMC "normal" con factores de riesgo. Por eso conviene mirarlo junto con cintura, análisis de sangre y hábitos, idealmente con un profesional.
No persigas el número, persigue los hábitos que lo mueven. Come en un déficit calórico moderado con suficiente proteína, entrena fuerza para conservar músculo mientras pierdes grasa y mantente activo a diario. El IMC bajará como consecuencia natural, y lo hará perdiendo grasa —no músculo—, que es lo que realmente mejora tu salud. Las dietas extremas bajan el peso rápido pero suelen rebotar y sacrifican masa muscular.
La fórmula es la misma, pero la interpretación no. En menores de 18 años el resultado no se compara con la tabla adulta, sino con percentiles según edad y sexo, porque el cuerpo aún está creciendo y la proporción peso-estatura cambia con el desarrollo. Para niños y adolescentes, la valoración debe hacerla un pediatra con las tablas de crecimiento adecuadas.
Esta calculadora entrega una estimación basada en fórmulas poblacionales, no un diagnóstico. No reemplaza la valoración de un profesional de la salud, la nutrición o el entrenamiento, que sí considera tu historia clínica, tu composición corporal y tus objetivos. Tómala como punto de partida y, antes de un cambio importante en tu alimentación o tu entrenamiento —sobre todo si tienes alguna condición médica, estás embarazada o en lactancia—, consulta con un profesional.